Prueba de la Yamaha Fazer 1000

PIN

Después de muchas peripecias, he conseguido contactar con el concesionario Crestanevada de motos de ocasión en Granada que tiene una Fazer 1000 2k6 para probar y la cita está dada para este sábado.

La moto nos espera fuera, tiene un aspecto bastante sabio con sus dos ojos en forma de almendra, su depósito aerodinámico, su doble asiento y su estilizada carcasa trasera. El vendedor nos recibe y nos da las llaves, muy seguro de esta nueva añada, se nota que está seguro de sí mismo y que ya sabe que la prueba será concluyente.

Esperaba que nos diera su bonito juguete durante los 20 minutos habituales, pero nos lo ofrece durante 45 minutos, y apenas puedo ocultar una amplia sonrisa porque eso es exactamente lo que necesitábamos para poner a prueba las habilidades de la Fazer. En cuanto se da la luz verde, conecto el encendido, el velocímetro se ilumina y ofrece la información esencial: el tacómetro, el reloj, un indicador de combustible y dos viajes.

Justo encima, un manillar ancho y recto se asienta sobre puentes elevados. Debajo hay una horquilla invertida de 43 mm y un doble disco de 320 mm con pinzas de 4 pistones. El bastidor de aluminio fundido se prolonga con un gran basculante reforzado, ambos pintados en negro que le dan un aspecto sobrio y sofisticado, que contrasta con el motor gris, mucho más bonito para mi gusto que el motor negro de los otros modelos. Los 4 tubos de escape se unen para formar un silenciador que no deja indiferente a nadie. Personalmente, me chocó cuando vi las primeras fotos, pero ahora creo que está bien… pero sigo siendo un poco escéptico sobre el aspecto potencial de los próximos silenciadores adaptables para este modelo.

Una pulsación en el arranque y el motor ronronea. Me subo al asiento, el gran depósito me obliga a tener las piernas un poco abiertas. Un toque en la palanca de cambios y me dirijo a la salida. El manillar cae bien bajo las manos pero es alto y me sorprende un poco esta sensación. Te sientas bien, tal vez demasiado bien, creo. Esta impresión de estar sobre una moto de carretera tipo FJR desaparece exactamente a los 8 segundos, el tiempo que tardo en llegar a la primera curva. A menudo hablamos de la facilidad de manejo, y la Fazer 1000 es un ejemplo perfecto. Es muy simple, estoy faroleando. A partir de la primera rotonda, la moto se inclina y se sienta donde yo estaba mirando antes de pensar en inclinarla.

La Fazer era conocida por hacer un ruido muy agradable desde el principio, su última versión no es una excepción a la regla. Canta y da ganas de ver hasta dónde puede elevar su voz. El par disponible a partir de 3.000 rpm me permite adelantar sin tener que cambiar de marcha, el freno motor se siente en cuanto se suelta la presión sobre la maneta derecha. Llego a la rotonda de la zona industrial, la moto se calienta, así que vamos a por las curvas en esta bonita recta. Un vistazo al espejo retrovisor y veo que mis compañeros están muy por detrás de mí. Giro la manivela y los dulces ojos del dócil Fazer se enrojecen.

Todo lo que me había mostrado era una tímida presentación, ahora está deseando lucirse. En cuanto la aguja del cuentavueltas pasa de 7000 rpm, los brazos tiran y el velocímetro se vuelve loco. Un poco de presión en el freno muy progresiva, pones la rueda delantera en la trayectoria y llega a roer la cuerda de una manera muy serena. El neumático trasero de 190 mm no dificulta la maniobrabilidad, y el chasis rígido permite inclinar la moto con facilidad.

El silenciador canta, y aunque salgas a dar un paseo tranquilo, la testosterona corre por tus venas. Es casi más de lo que puedes manejar, te sientes tan bien que quieres más, ¡y te da más! La sección de las curvas cerradas de Roquefort ha comenzado. Acostumbrado a la SV, suelo llevar la Fazer a unas 4.000 rpm y cada vez que vuelvo a pisar el acelerador, como en mi V-twin, siento una sacudida.

Manteniéndose perfectamente en la pista, los tirones no te molestan mucho, e incluso las frenadas a fondo dejan la moto en un carril, sientes que todo vale. Vuelve a aparecer un nuevo tramo de recta y, con el casco en el depósito, intento hacer cosquillas a las altas revoluciones. Empuja con fuerza, pero se nota que el acelerador pone fin a este ascenso… y pensar que un tercio de su potencia sigue condenada al silencio por nuestra santa legislación, es exasperante.

Bueno, no lo suficiente como para frenar mi entusiasmo, porque juego con esta moto sin pensarlo dos veces y el resultado no es una mala sorpresa. Si lo montas un poco más alto de revoluciones, los tirones se reducen y lo lanzas de un ángulo a otro con total flexibilidad. Vuelve a arrancar sin pedir un cambio de marcha. Frena con fuerza y con muy buen tacto, el freno trasero sólo está ahí para apoyar a los que quieren una fina dosificación. Mi tiempo de prueba ya ha terminado, es una pena, lo hubiera mantenido un poco más… lástima, ¡me vengaré de su hermana desnuda en cuanto esté en pruebas!

También te puede interesar